El balanceo de los brazos cuando caminamos, también conocido como braceo, está lleno de curiosidades.
El balanceo de los brazos, también conocido como braceo, es un aspecto interesante y esencial de la marcha bípeda humana. Este movimiento rítmico no solo acompaña a las extremidades inferiores durante la locomoción, sino que también desempeña un papel crucial en la mejora del equilibrio dinámico y la reducción del coste energético al caminar (Navarro-López et al., 2022). Además, se ha evidenciado que un buen ritmo de braceo contribuye a la estabilidad del tronco en personas mayores (Nakakubo et al., 2014).
Asimetría del braceo.
En personas sanas, el braceo muestra una asimetría notable. Estudios indican que la amplitud del braceo es mayor en el lado izquierdo en comparación con el derecho (Plate et al., 2015; Kuhtz-Buschbeck et al., 2008). Aunque no se comprende completamente por qué esta asimetría ocurre, se ha propuesto que puede deberse a diferencias en la automatización neural del movimiento, influenciada por la lateralidad de los individuos. Sin embargo, esto no está claro y de hecho hay estudios que demuestran que la dominancia del lado izquierdo en el balanceo sucede en personas diestras y zurdas, es decir, con independencia de la lateralidad.
En este sentido, un estudio que contó con la participación de 334 sujetos sin patología (edad: 68.6 ± 5.9 años, 52,7% hombres; 48,3% mujeres) mostró que, el balanceo en el brazo izquierdo durante la marcha es dominante frente al derecho cuando caminamos sobre suelo (Killeen et al. 2018). Además, los datos revelaron de forma concluyente que, la lateralidad no está relacionada con el balanceo del brazo en poblaciones sanas, lo que sugiere como posibles explicaciones factores ambientales/culturales. Básicamente, los zurdos crecen en un mundo de diestros y están constantemente expuestos a entornos y objetos diseñados para ser abordados o manipulados con la mano derecha (Killeen et al. 2018).
El impacto de la Enfermedad de Parkinson.
La reducción de la amplitud del braceo durante la marcha es común en algunas patologías, como en la Enfermedad de Parkinson (EP). En este caso en concreto, se considera un signo prodrómico de la enfermedad (Navarro-López et al. 2022). En particular, el balanceo de los brazos se reduce en mayor medida en el lado “más afectado” de las personas con EP (Meyns et al. 2013, Mainka et al. 2023). Independientemente de la medicación y del estado ON/OFF, los sujetos con EP exhiben una mayor asimetría en el balanceo de los brazos y un descenso de la amplitud del braceo respecto a los sujetos sanos. La reducción del balanceo de los brazos y su asimetría puede incrementar el riesgo de caídas en sujetos con EP (Mainka et al. 2023).
La asimetría del braceo disminuye a medida que la enfermedad progresa y los síntomas empeoran, afectando a ambos hemicuerpos (Espinoza-Araneda et al. 2023). Un índice de asimetría por encima del 40% puede servir como un marcador diagnóstico adicional en la EP (Mainka et al. 2023).
Influencia de las emociones.
Las emociones también juegan un papel en el balanceo de los brazos. Un estudio de Jianwattanapaisarn et al. (2022) encontró que las emociones pueden afectar el patrón de marcha, con un braceo más amplio en estados de felicidad y más restringido en estados de tristeza, particularmente en trayectorias curvas. Estos hallazgos vienen a confirmar que, las redes neuronales implicadas en el procesamiento emocional del movimiento participan en la regulación de la marcha humana (Takakusaki 2017). De manera que, el contexto emocional debe tenerse en cuenta en el reentrenamiento de cualquier movimiento.
Estrategias de mejora.
Se ha sugerido que, mejorar la coordinación entre las extremidades inferiores y superiores durante la marcha puede disminuir el gasto energético (Meyns et al. 2013). Existe evidencia de que un balanceo de brazos forzado, aumentado deliberadamente, puede ayudar a la estabilidad de la marcha en personas sanas (Wu et al. 2016). Además, se ha demostrado que, la imposición del balanceo de brazos conduce a una optimización de los parámetros de las extremidades inferiores en personas con EP (Zampier et al. 2018; Mainka et al. 2021). En un estudio realizado por Weersink et al. (2021), se observó que incrementar deliberadamente el braceo en pacientes con EP (Hoehn and Yahr scale: Stage 2–3) restauraba patrones de actividad cerebral similares a los de personas sanas (mayor actividad de la corteza motora suplementaria), lo que se tradujo en una mejora en la velocidad y longitud de paso.
Por último, Yoon et al., en 2016, estudiaron el efecto de añadir peso (0,45 kg) en los antebrazos sobre la amplitud del balanceo de brazos y los patrones de marcha en pacientes con EP (Hoehn and Yahr scale: Stage 2–3). Los resultados mostraron que, añadir peso incrementaba significativamente la amplitud del balanceo de los brazos, la rotación de la pelvis y mejoraba los parámetros de la marcha, como la cadencia, la velocidad al caminar y la longitud del paso.
Conclusiones
El balanceo de los brazos durante la marcha es un componente crucial de la locomoción humana, que no solo facilita el movimiento, sino que también está intrínsecamente ligado a aspectos como el equilibrio, la estabilidad y el coste energético. La asimetría observada en el braceo de personas sanas y su alteración en patologías como la enfermedad de Parkinson subrayan la importancia de este movimiento frecuentemente olvidado. Además, el impacto de factores emocionales y la posibilidad de mejorar la marcha mediante estrategias de entrenamiento o el uso de pesos en los brazos presentan oportunidades prometedoras para la rehabilitación y la mejora de la calidad de vida de personas con trastornos del movimiento.
Referencias
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