¿Alguna vez te has parado a pensar en cómo caminas? ¿En cómo se mueven tus articulaciones o en qué músculos trabajan cada vez que das un paso?
Trabajo en un laboratorio de análisis del movimiento donde estudiamos precisamente eso. Colocamos pequeños marcadores sobre el cuerpo de las personas que son captados por cámaras, de forma muy similar a la tecnología que se utiliza para crear personajes en películas como Avatar o El Señor de los Anillos. Tranquilos: no convertimos a nuestros pacientes en Gollum ni los obsesionamos con tesoros. A partir de esas imágenes, un ordenador genera un modelo digital que nos permite entender cómo se mueven sus articulaciones y cómo se activan sus músculos mientras caminan.
Caminar tiene dos funciones fundamentales: soportar el peso del cuerpo y permitirnos avanzar. Para lograrlo, intervienen una serie de movimientos clave que dependen de acciones musculares muy concretas. La flexión de la rodilla amortigua cada paso y depende de los músculos cuádriceps e isquiotibiales; la extensión de la cadera la realiza el glúteo mayor; la estabilidad de la pelvis recae en el glúteo medio; y la propulsión final la generan los músculos de la pantorrilla.
Con el envejecimiento, y en personas con enfermedades neurológicas, estos músculos pueden verse especialmente afectados. Sabemos que quienes presentan menor nivel funcional o mayor riesgo de caídas suelen tener menos fuerza y una mayor infiltración de grasa en estos grupos musculares, lo que compromete la calidad y seguridad de su marcha.
Por eso, entrenar estos músculos a lo largo de la vida puede ser clave para prevenir caídas, mejorar la estabilidad e incluso retrasar el deterioro de la forma de caminar en personas mayores. Podemos hacerlo con ejercicios de fuerza, trabajos de coordinación o simplemente dando paseos ágiles por terrenos irregulares, estimulando algo fundamental: la propiocepción.
Caminar ha sido parte de mi vida desde que empecé a investigar. Gracias a las personas que acuden voluntariamente al laboratorio para entender qué les sucede, hoy sabemos más y podemos ayudar a que otros vivan mejor. Porque, al final, como escribió Machado, «caminante, no hay camino, se hace camino al andar».
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