Pero no la marcha que estáis pensando.
Bueno… también.
Pero sobre todo la de caminar.
Soy fisioterapeuta y friki del movimiento humano.
O sea, el tipo de persona que no puede caminar tranquilo porque va analizando cómo camina todo el mundo.
Yo no miro zapatos, miro tobillos.
No juzgo, evalúo.
Además, soy profesor universitario.
Sí, existe gente que da clase sobre cómo caminamos.
Los humanos no caminamos al nacer.
Tardamos en hacerlo. No porque seamos vagos, sino porque el Sistema Nervioso Central necesita madurar.
Vamos, que el cerebro dice:
—“Un momento, que todavía no estoy listo para esto del equilibrio”.
Durante la infancia y la pubertad, nuestra forma de caminar se vuelve flexible y adaptable.
Creamos una biblioteca de patrones de movimiento.
Tenemos el caminar rápido, el lento, el de “llego tarde”,
y uno muy moderno: caminar mientras miras el móvil.
Un patrón maravilloso que nos impide cruzar miradas, ligar y, en general, vivir.
Esto no es evolución… es involución con tarifa de datos.
Pero luego envejecemos.
Y ahí la cosa cambia.
La marcha pierde adaptabilidad,
caminamos más despacio,
con pasos más cortos
y nos cuesta hacer dos cosas a la vez.
Porque el cuerpo dice:
—“Elige: o caminas… o hablas”.
El problema es que este deterioro de la marcha provoca caídas.
Y las caídas generan discapacidad, miedo a moverse
y a salir de casa.
Y claro, si los mayores se quedan en casa, no tenemos pretendientes para el programa de Juan y Medio, ni para First Dates.
Y eso ya es un problema social serio.
La buena noticia es que esto se puede revertir.
Porque nuestro sistema nervioso es plástico.
No como una bolsa del súper…
plástico del bueno.
Esto se llama neuroplasticidad.
El cerebro puede reorganizarse toda la vida.
El cerebelo, los ganglios de la base, la corteza motora…
todo eso que suena a examen
responde al entrenamiento,
a repetir movimientos
o, dicho de otra forma,
a aprender.
Y después de todo este rollo, estaréis pensando:
—“Vale, friki del movimiento… ¿qué hago yo?”
Es sencillo.
Hay que caminar.
Pero bien.
Caminar por terrenos diversos, irregulares,
con distintas inclinaciones,
a buen ritmo,
esquivando obstáculos,
haciendo varias cosas a la vez,
erguidos
y braceando.
Nada de caminar con las manos detrás
o metidas en los bolsillos.
Eso no vale.
Hay que caminar como si llegaras tarde a un sitio importante.
Con decisión.
Porque la base del aprendizaje motor es repetir sin repetir,
practicar de forma variable
y hacerlo de manera constante.
