El balanceo de los brazos al caminar es una característica universal de la marcha humana.
Universal quiere decir que todo el mundo bracea.
Caminar sin mover los brazos no es caminar.
Es transportar el cuerpo con resignación.
Ahora bien, cuando el braceo se reduce, la cosa se pone seria.
Por ejemplo, en la enfermedad de Parkinson.
Ahí el brazo deja de acompañar al cuerpo y dice:
—“Yo me quedo aquí, tú sigue”.
De hecho, la reducción del balanceo de los brazos es uno de los primeros signos de la enfermedad.
Antes incluso de que aparezcan otros síntomas.
O sea, el cuerpo avisa…
pero lo hace de una forma muy sutil:
dejando de mover un brazo.
Cero dramatismo.
Además, no se reduce igual en los dos lados.
Siempre hay un brazo “más afectado”.
Un brazo que va por la vida como diciendo:
—“Paso de participar”.
Y ojo, porque esto no se compensa.
El otro brazo no dice:
—“Venga, hago yo el trabajo de los dos”.
No.
Cada uno a lo suyo.
Trabajo en equipo: regular.
¿Y para qué sirve el braceo?
Pues para varias cosas muy importantes:
ayudar a que las piernas se muevan mejor,
mejorar el equilibrio
y gastar menos energía.
Es decir, caminar braceando es más eficiente.
Caminar sin bracear es como ir en bici con las ruedas flojas:
avanzas, sí…
pero sufriendo.
De hecho, se ha visto que reducir el braceo aumenta el riesgo de caídas.
Y que mantener un buen ritmo de brazos mejora la estabilidad del tronco en personas mayores.
Vamos, que el braceo no es postureo:
es supervivencia.
Ahora viene lo curioso.
En personas sanas…
también hay asimetría.
Sí.
Braceamos más con el brazo izquierdo.
Esto es maravilloso.
Porque no importa si eres diestro o zurdo.
El izquierdo siempre va más animado.
El derecho va como diciendo:
—“Estoy atento… por si pasa algo”.
Durante años se pensó que esto tenía que ver con la lateralidad.
Pero no.
Los estudios dicen:
zurdo o diestro,
el izquierdo manda.
¿Entonces por qué pasa esto?
Pues probablemente por cultura.
Porque vivimos en un mundo hecho para diestros.
Un mundo lleno de trampas.
Las puertas del microondas.
Los apretones de manos.
Las tijeras.
Los ratones de ordenador.
Todo está pensado para que el brazo derecho esté ocupado, alerta, preparado para la acción.
Y claro, mientras el derecho está pendiente de sobrevivir,
el izquierdo va libre, feliz…
braceando a lo loco.
Los zurdos, de hecho, viven en una especie de Escape Room permanente.
Un entorno hostil diseñado por diestros.
Y aun así…
bracean más con el izquierdo.
Lo cual ya es compromiso con la causa.
Así que, básicamente,
por una razón sencilla, cultural y maravillosa,
el balanceo de los brazos durante la marcha
es de izquierdas.
Y ahora que lo sabéis,
mañana, cuando caminéis,
mirad vuestros brazos.
Si el izquierdo se mueve más…
tranquilos.
Es que vuestro cuerpo
también ha leído la sociedad
en la que vive.
Y ha decidido bracear en consecuencia.
Referencias:
Navarro-López V, Fernández-Vázquez D, Molina-Rueda F, et al. Arm-swing kinematics in Parkinson’s disease: A systematic review and meta-analysis. Gait Posture. 2022;98:85-95.
Mainka S, Lauermann M, Ebersbach G. Arm swing deviations in patients with Parkinson’s disease at different gait velocities. J Neural Transm (Vienna). 2023;130(5):655-61.
Killeen T, Elshehabi M, Filli L, et al. Arm swing asymmetry in overground walking. Sci Rep. 2018;8(1):12803.

